lunes, 30 de agosto de 2010

Despertar

Leonor se despertó sobresaltada. Echó una mirada al reloj mientras encendía la coqueta lámpara que tenía en la mesita de noche, éste marcaba las 5,20 horas, se disgustó un poco, últimamente le ocurría con mucha asiduidad, se despertaba sobresaltaba por alguna pesadilla, pero nunca lograba recordarlas.
    - Tengo que decirle al médico que me recete algo para dormir de un tirón – pensó.


Observó que su marido dormía placidamente al otro lado de la cama. Se quedó mirándolo durante un rato, ya hacía mucho tiempo que había dejado atrás la juventud, lo mismo que ella, tenía el pelo muy canoso, plateado, casi blanco, lo que a sus ojos le hacía parecer muy interesante. Para su edad era un hombre elegante y atractivo, al menos así lo veía ella. Mientras lo miraba sintió una infinita ternura hacía aquel hombre que la acompañaba desde hacía cuarenta y tres años, era cariñoso y bueno. Sin duda había sido el hombre de su vida.                                                                                           
              -¡Mas los 5 años y medio que estuvimos de novios! – solía recordarle él.

           Sonrió para sí misma, recordando ese comentario, y encima a esas horas. Se acercó muy despacio,
           para no despertarlo, y le dio un suave beso en la mejilla, no estaba muy segura del porque, pero lo
que sentía en aquellos momentos era mucho amor, y sobre todo un profundo agradecimiento hacía su marido.

 Se sentía eufórica, sin saber muy bien porqué. También sintió algo de hambre, así es que se fue
 hacia la cocina para ponerse un vaso de leche, abrió la nevera y se llenó el vaso que  previamente había cogido. Cuando la bebió hizo una mueca de desaprobación, esa leche no le  gustaba demasiado, miró el brick y vio que era leche con calcio.  
    - Este Alberto siempre compra lo que quiere y cambia las cosas sin consultarme, mañana, sin falta, se lo voy a decir.   

Volvió a la habitación. Alberto seguía sumido en su sueño y ella se había desvelado definitivamente, así es que se acercó al tocador y se sentó delante del gran espejo que le devolvió la imagen de una mujer de sesenta y cuatro años, pero aun con un evidente atractivo. Se había conservado bien, entre otras cosas porque era muy coqueta y siempre andaba con sus cremas y pociones, siempre le había gustado cuidarse y a Alberto le gustaba que así lo hiciera. Tenía el cabello de un intenso color blanco, que se negaba a tintarlo, bien arreglado en una larga melena, aunque habitualmente lo llevaba recogido, pero ahora lo veía algo alborotado y despeinado de haber estado en la cama. Deshizo el moño y el pelo cayó suavemente sobre sus hombros, luego cogió el cepillo y, como tantas veces hiciera, empezó a peinarlo mecánica y suavemente, de arriba abajo, por un lado y por el otro, dando muchas pasadas. 

Poco a poco su pensamiento empezó a desplazarse muchos años atrás. Recordaba cuando conoció a Alberto, mientras hacía la mili en una base cercana a su pueblo, era un buen mozo, y el traje de militar de paseo le sentaba estupendamente. Estuvieron viéndose casi clandestinamente y cuando él acabó el servicio militar, le prometió que volvería en cuanto encontrase un trabajo, para hablar con su madre que era viuda y pedirle su mano. Pasaron seis meses durante los cuales sólo le llegó una carta de él, diciéndole que no la olvidaba y que tuviera paciencia. Esa carta llegó en el momento oportuno. Leonor ya empezaba a pensar que la había olvidado y, bien es verdad que pretendientes en el pueblo no le faltaban, además su madre la apremiaba para que aceptara a alguno de ellos y no se fiara de las promesas de un desconocido.

Pero regresó, tardó un año, pero cumplió su promesa. Había encontrado un trabajo de mecánico a solo 20 km. del pueblo de Valencia donde ella vivía. Muy lejos del pequeño pueblo de Teruel de donde él era natural. Pero Alberto no había cejado en el empeño. Siempre había estado cerca de ella, por las comarcas cercanas al pueblo, aunque hasta mucho tiempo mas tarde no se lo confesaría, buscando ese trabajo que le permitiera cumplir su promesa. Durante todo ese tiempo estuvo durmiendo y comiendo donde podía, en habitaciones compartidas y en pensiones que pagaba con los trabajos esporádicos que conseguía. Hasta que por fin encontró lo que buscaba, un trabajo que les diera la estabilidad y la seguridad que buscaba para ellos.

La boda fue cuatro años después, en cuanto pudieron ahorrar el dinero suficiente para poder celebrarla. Se casaron en la iglesia del pueblo de Leonor. Fue una boda sencilla, pero bonita, y tras un corto viaje de novios se fueron a vivir a la casa que aun hoy habitaban, en el pueblo donde Alberto tenía su trabajo.
Durante los cuatro años siguientes fueron llegando sus tres hijos, primero nació Inés. La llamaron así en recuerdo de la madre de Alberto. Luego llegó Luís, en esta ocasión quisieron homenajear al padre de Leonor. Finalmente, y cuando ya no lo esperaban por consejo del médico, tras el difícil parto que había tenido Leonor con Luis,  vino al mundo Leonor, Alberto se empeñó en ponerle el mismo nombre que a su mujer.
Leonor reconoció que estaba algo enfadada con ellos, hacía tiempo que no iban a visitarlos y que no sabían nada de sus vidas. Era algo que llevaba muy mal, sus hijos siempre lo habían sido todo para ella y no le gustaba nada que no se acordaran de sus padres ahora que les había llegado la vejez. Tenía pensado echarles una buena regañina en cuando los viera.

Poco a poco, y mientras iba desgranando mentalmente esos recuerdos de su vida que tanto le gustaban, fue sintiendo un ligero mareo - nada preocupante-  pensó, aunque lentamente sentía que la cabeza se le iba. Cada vez le costaba más pensar con claridad. Esos recuerdos que hace unos instantes eran nítidos como el agua, ahora se estaban volviendo lentos y borrosos, pero a la vez iba sintiendo una gran paz interior. Comenzaba a notar su cabeza como vacía, no pasaba nada, no había dolor, no había rencor, no había preocupación, y eso empezaba a ser una sensación muy agradable. Nada era importante, porque nada ocurría, solo veía una imagen reflejada en el espejo que lentamente y con parsimonia se cepillaba el pelo.

Alberto se despertó. Vio que estaba encendida la lámpara de la mesita de noche de Leonor. Echó un vistazo al reloj despertador y pudo ver que eran las 5,30 horas de la madrugada. Su mujer no estaba en la cama. Miró por la habitación y  confirmó que, otra vez, estaba cepillándose el pelo frente al espejo de su tocador. Ya era la tercera vez que la sorprendía así en la  última semana. Lo había consultado con su neurólogo y éste le tranquilizó, confirmándole que no eran raros los episodios de sonambulismo en los enfermos de Alzheimer, así como algunos momentos de lucidez.
Como siempre se acercó a ella despacio, procurando no alterarla demasiado. Estaba cepillándose suave y lentamente el pelo blanco que le caía en melena hasta los hombros. Tenía una ligera sonrisa y sus ojos, aunque miraban a su reflejo en el espejo, era en realidad una mirada ausente.

Leonor noto que se le acercaban y la tocaban. Era ese hombre de siempre, pero no temió nada, No estaba muy segura de quien era, pero le resultaba familiar, y como además era tan amable y sus gestos y su voz tan dulces, le hacía caso en todo lo que le decía. Se sentía segura a su lado, a pesar de no saber muy bien quien era.

     - Vamos Leonor, vuelve a la cama, que aun es de madrugada – le dijo suavemente Alberto, mientras la metía en la cama y la arropaba - mañana es domingo y como todas las semanas vendrán los chicos a verte, ya sabes que viven lejos, por los trabajos y eso, pero que nunca faltan. También van a venir los pequeños, tus cuatro nietos, hay que ver como te ríes con ellos, y es que son unos verdaderos diablillos.
 

 Leonor, dócilmente así lo hizo, cerró los ojos y poco a poco volvió a dormirse. Pero esta vez y tras escuchar las palabras del hombre amable, si que soñó, y en ese sueño se vio a si misma rodeada de niños que correteaban a su alrededor, y Leonor sonreía y se sentía feliz.


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26 comentarios:

  1. Jose, qué intenso! La verdad es que el texto es precioso, escribes muy bien y muy visual, muy plástico, pero precisametne por eso, es muy duro. La mujer peinándose y la vida que se va alejando, y se va todo, y permanece solamente aquella mujer qu se peina dentro del espejo. La imagen es muy bestia y efectiva. Me ha gustado y removido.

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  2. Jose Vte, amigo...
    ¡qué sorpresa con este relato!...me gusta...

    Ya intuí cuando entré en este blog "que habia madera"...sensibilidad, respeto, buenos modos y...una caja de sorpresas....

    Cuando no un "forofo"seguidor de futbol, un cronista de la politica ¡che, valencianeta!y un admirable relatador de cuentos y realidades.

    Aquí Leonor es realista con el paso del tiempo pero el cariño no envejece.

    Estos momentos son los que verdaderamente me distraen y me motivan.
    Un beso gordo(como dices tu)

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  3. Eastriver, es un honor para mi recibir esos comentarios y críticas, me gusta mucho escribir relatos, aunque lo he hecho muy poco, en realidad todo esto es muy nuevo para mi, por eso no sabes lo que me animan estos halagos.
    Muchas gracias

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  4. Anna, creo que poco a poco ya nos vamos conociendo y la admiracion es mutua.
    Siempre espero tu comentario con ilusión.
    Tenía la idea básica de este relato, es decir la mujer frente al espejo, viendo pasar su vida en unos pocos minutos de lucidez, desde hace algun tiempo, pero no me atrevía a escribirlo por miedo a cruzar la linea del exceso.
    Con que os haya gustado ya me doy por satisfecho.

    Mas besos gordos y mucho ánimo

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  5. Precioso y emotivo el relato.
    Sigue escribiendo asi.

    un beso! ^^

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  6. Gracias cuqui, intentare que sea así, me alegro que te haya gustado.
    Un beso

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  7. jose ¡ POR DIOS ! te estas volviendo como nuestro padre. no, lo haces muy bien, ya te dicho muchas veces que escribes mejor que hablas, que aunque no te escriba porque no se me da bien, te sigo muy de cerca. un abrazo fenomeno. JULIO

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  8. Gracias Julio, supongo que me lo tengo que tomar como un halago, ya se que cuando me pongo nervioso me aturuyo un poco, y a veces soy un poco pesado y que me enrollo mucho cuando hablo, lo mismo me ocurría aquí al principio, en ambas cosas intento mesurarme.

    Un abrazo

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  9. Me encanta tu relato es precioso y muy emotivo
    sigue escribiendo así de bien!!!

    Besos.....
    Conchin

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  10. Gracias Conchín, me alegro mucho que te guste, es muy motivante que me deis ánimos.

    Un beso

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  11. Tal como te he dicho e el chat
    para poner un enlace en comentarios has de escribir este cógigo
    AQUI EL TEXTO QUE SE VERA
    mira ahora te envio a una entrada mia
    Valencia, bonita tierra

    Un saludo

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  12. Pues tampoco me dejaescribirte el codigo correcto....¿no se que pasa¿

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  13. Buen relato Jose, y tambien le agradezco por desearle suerte al equipo de Copa Davis de mi pais, tambien mucha suerte para su equipo Valencia en todos los torneos que va a disputar esta temporada.

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  14. Buen relato, bella historia, lamentablemente muy real. Tiene que ser muy complicado convivir con esa enfermedad. Bueno, supongo que con todas, pero con ésta especialmente...Tiene que ser difícil soportar ese olvido.

    Saludos

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  15. Boris, gracias por tus buenos deseos pàra el Valencia, ójala y que sea así y ganemos algo.
    Me alegro que te haya gustado el relato.

    Saludos

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  16. Gracias Calvarian, he conocido algunos casos, aunque no en primera persona, y es realmente triste.
    Vuelvo a darte mi enhorabuena por haber ganado el concurso de Paradela, tu relato si que es realmente bueno.

    Un saludo

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  17. Precioso, José Vicente.
    Y, además es una puerta de esperanza para los familiares de los enfermos: creer que son felices es lo único que puede consolarlos de la dureza de la enfermedad.

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  18. Mª Jesús, una enfermedad tan dura como es ésta que te anula la memoria y los recuerdos, me gustaría pensar que en su mundo interior, alejado de problemas y sufrimientos, ellos son felices.

    Un fuerte abrazo

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  19. que bonito ne ha emocionado decide y escribe un libro y entre Irene y yo te hacemos las il ustraciones tienes un gran talento tu consuegri

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  20. Jeje, gracias Silvia, consuegri, poco a poco. Aun no creo que sea el momento, pero no te preocupes que te tomo la palabra.

    Un beso

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  21. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  22. Precioso. Mi enhorabuena por tu artículo publicado, sr. escritor.

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  23. Hola José, me estreno por aquí por primera vez, para darte una palmada en la espalda. Este relato me ha conmovido e impresionado, tiene una línea tan sencilla, como referente a lo cotidiano, que te embauca la historia como si fuese tuya.
    Me ha gustado, sigue así o mejor! Nos vemos rodando!!
    Un saludo

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  24. Hola, José Vte.:

    Aquí estoy, como te prometí, y ya he leído tu "Despertar".

    Me ha gustado mucho la forma de enfocarlo y sobre todo, ese "meterse" en la piel de Leonor para transmitirnos sus sentimientos. Te felicito.

    A mí también me gustaría pensar que son felices aún en ese terrible secuestro que supone esta cruda enfermedad.

    Un fuerte abrazo.

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